Audalia Auditores sigue creciendo

Hace ya casi 30 años que Audalia abrió sus puertas. Cuando la compañía arrancó tenía muy claro cuál era su idea de negocio, a qué mercado iba a dirigirse y hacia dónde orientaría su estrategia para lograr la diferenciación. Así pues centró sus esfuerzos en desarrollar una firma multidisciplinar de servicios profesionales que pudiera cubrir las necesidades de empresas, accionistas, agentes económicos externos e inversores y que estuviera sustentada en el rigor, la calidad y la confianza en la prestación de sus servicios. Su fundador tenía claro que una relación próxima y personal con el cliente propiciaría un entendimiento mutuo imprescindible para la buena marcha de los trabajos.

Analizado desde una perspectiva actual muchos podrían pensar que aquel planteamiento era factible para una época donde la tecnología era todavía incipiente y primaban las relaciones “cara a cara” pero hoy día, con el ritmo frenético de las cosas y los avances tecnológicos, ya no podría mantenerse ni tendría razón de ser. Pues bien, debemos aclarar que quienes piensen así se equivocan ya que esta filosofía de sus inicios ha primado a los largo de esta treintena de años de vida como el principal elemento diferenciador. Quizá ésta haya sido la clave para sobrevivir a los malos tiempos y seguir creciendo.

El área de auditoría tuvo un importante desarrollo en su momento, hasta suponer casi el 50% del negocio de AUDALIA hace una década. No obstante, actualmente el resto de áreas han potenciado y aumentado su gama de servicios ampliando su presencia e interrelacionándose entre sí para poder ofrecer a los clientes un servicio integral gestionado por profesionales cualificados.

Los años pasan y Audalia sigue evolucionando. No ha sido fácil mantenerse firme en época de crisis pero un trabajo en equipo y una especial dedicación a los clientes nos ha mantenido a flote. En cada proyecto creemos necesario tener un conocimiento en profundidad de la empresa y su sector; siempre estamos preparados para escuchar al cliente y aportarle rigor e independencia. Nuestro servicio se basa en una continua adaptación a su planificación.

A la hora de abordar una auditoría entendemos dos fases; con el objeto de acortar los plazos de entrega del informe. Siempre buscamos la fluidez en la comunicación y, por supuesto, el cumplimiento de plazos acordados. Aportamos credibilidad a través del análisis de los riesgos que están presentes en el negocio de nuestros clientes, y en la revisión de los sistemas contables y financieros que soportan la gestión empresarial. Nuestro enfoque de Auditoría se dirige a minimizar los diferentes riesgos que influyen en el trabajo.

Estamos inscritos en el PCAOB (Public Companies Accounting Oversight Board – organismo dependiente de la SEC – Securities and Exchange Comission) con el objeto de poder auditar filiales de compañías norteamericanas que coticen en bolsa. Dicho organismo, ha revisado nuestros procedimientos de control interno y nuestro sistema de control de calidad, confirmando nuestra capacidad para dichos trabajos. Nuestra andadura comenzó hace 30 años, en los que no hemos perdido nuestra esencia pero continuamos evolucionando, mirando hacia adelante y con ganas de seguir creciendo.

Entre nuestros servicios en el área de auditoría destacan:

• Auditoría de cuentas anuales.
• Experiencia en US GAAP, IFRS.
• Certificados de hechos societarios concretos.
• Actuaciones y pruebas periciales.
• Procesos de due diligence.
• Actuaciones como Experto Independiente.
• Valoración de sociedades.
• Certificados de subvenciones.

Tener claro quiénes somos, dónde estamos y dónde queremos llegar. Si tienes un nicho en el mercado y le brindas confianza y un trabajo impecable manteniendo la independencia, se aporta un valor que hace que nuestros clientes continúen confiando en nuestro trabajo año tras año.

Seguir creciendo ante la adversidad

Hace unos días me topé con este titular en el diario Expansión: “¡Peligro! Hay un zombi en mi oficina”. La verdad es que me resultó gracioso y como había visto el fin de semana la película “Guerra mundial Z” me aventuré a conocer qué se escondía bajo ese título.

En realidad, el artículo comparaba a los empleados desmotivados con zombis, no sólo porque deambularan por la oficina como resucitados de sus tumbas sino porque además eran capaces de contagiar su estado anímico a otros trabajadores como si de una epidemia se tratara.

El texto comentaba cómo los zombis proliferaban en las oficinas en épocas de crisis y reforzaba esta teoría argumentando que las duras medidas adoptadas por las empresas repercutían en el carácter y rendimiento de los empleados.

Es del todo comprensible que cuando las condiciones laborales son desfavorables haya un estado de malestar generalizado pero cuando ese desánimo empieza a hacer realmente mella en un número considerable de la plantilla entonces es cuando hay que plantearse tomar medidas para evitar que la situación empeore.

Una empresa la forman sus trabajadores, por lo que se debe buscar la manera de reactivar esa motivación, encontrar la ilusión que un día tuvieron aquellos empleados pero ¿Sobre quién recae la responsabilidad de propiciar ese giro? ¿Es el departamento de RR.HH. el encargado de gestionar esta situación? ¿Qué se puede hacer para incentivar, motivar o reconducir a los empleados?

La respuesta no es fácil… El trabajador está sumido en una espiral de frustración, apatía y tristeza, no tiene metas ni incentivos para salir de ese agujero por lo que lo más acertado podría ser someterlo a un proceso de evaluación en el que se detecten sus fortalezas y se pongan sobre la mesa sus necesidades. Si se le ayuda a reforzar y potenciar virtudes y carencias de su perfil se le habrá empujado a focalizar sus esfuerzos en una dirección. Con un plan de carrera adaptado, el empleado puede luchar por un desarrollo profesional.

Todos necesitamos sentirnos útiles, y más en un trabajo donde pasamos gran parte del día. Cuando el trabajador se siente valorado todos ganan. La empresa, por tener a alguien productivo en su plantilla que se esfuerza por hacer bien su trabajo y alcanzar unos objetivos y las personas porque dejan de encontrarse mal, se alejan de una situación de depresión que puede ser muy peligrosa.

Un diálogo cara a cara con el manager puede hacer ver al empleado su potencial y si se le ofrece formación es posible que recupere la ilusión por seguir creciendo y abordar así nuevos retos. Si el líder deja ver que confía en su equipo y en su potencial, éste reaccionará.

*Beatriz Taberner es Consultora en el Área de RRHH Lumesse