La fiebre de las empresas por hacerse un hueco en el mundo de las redes sociales es un hecho. Nadie quiere perder un tren cuyo destino es todavía incierto pero al que hay que subirse si se quiere tener presencia en el mundo online. Pese a todo, hay que ser cautelosos.

Muchas veces, el deseo de ser pioneros, las ganas de innovar, nos pueden llevar a cometer errores. Es importante, antes de actuar, saber cuál es el lugar que ocupamos en el mercado y tener claro dónde queremos o podemos llegar. En este sentido, la práctica del benchmarking es muy recomendable, es decir, fijarse en los pasos que han dado los referentes del sector y tratar de adaptar esos avances a nuestras posibilidades.

Al investigar a otros, es muy posible que descubramos que, incluso los más fuertes, se equivocan. Afortunadamente para el que observa, los errores son una fuente de sabiduría. Si se consigue detectar cuál fue su fallo y se plantean vías alternativas que podrían haberlo evitado, se pueden obtener conclusiones interesantes que poner en práctica.

Antes de iniciar cualquier aventura en las redes sociales es imprescindible tener claro cuáles son nuestros objetivos. Cuando se dice que “hay que estar a toda costa” hay que pararse a pensar si realmente el canal sobre el que estamos centrando nuestras miradas es el medio más adecuado. Ciertamente las redes sociales, bien manejadas, pueden dar mucha visibilidad a la empresa, pero no todas las empresas, por su filosofía, tienen un hueco claro en las redes sociales. Si se realiza un mal planteamiento es muy complicado retroceder. Cuando el mal está hecho y la imagen de marca dañada, no se puede seguir avanzando, hay que pararse a pensar cómo solventar el daño y actuar en consecuencia, con lo que nuestros competidores tomarán ventaja y, si son inteligentes, sacarán partido de nuestro tropiezo.

Una vez que los objetivos estén claros hay que pensar qué estrategia se va a seguir. En estas plataformas no hay un target único, los usuarios son muy variopintos. Unos podrán mostrar interés por nuestra empresa, otros sentirán que hemos invadido su espacio, por ello, debemos plantearnos desde qué red social se le puede impactar, cómo y si tendrá el efecto deseado. No hay que dejar nada abierto a la improvisación y, por supuesto, hay que prestar mucha a tención a las condiciones que la red social en cuestión nos exige como empresa y realizar el registro del nombre e imagen corporativa de forma meditada.

Definir la estrategia y ponerla en marcha no es suficiente. No basta con entrar en las redes sociales sin más, sino que una vez dado el paso es necesario un seguimiento, es decir, hay que mantener activa esa nueva rama o camino que se ha creado.

Tener presencia en las redes sociales debe ser un aspecto más dentro de un plan de marketing que debe considerar también una página web actualizada y optimizada. Web y redes sociales no deben ser algo incompatible sino complementario.

Una vez planteados los objetivos, analizada la competencia, descrita la estrategia y puesta en marcha la acción, queda medir los resultados. Algo que nos permitirá saber la realidad del proceso y nos dará las claves para redirigir la estrategia.

Abrir una página en Facebook o crear un perfil en Twitter es muy simple, pero insuficiente, es más, me atrevería a decir que absurdo si no hay detrás un planteamiento meditado y un deseo de continuidad. Moverse por inercia desde luego no es la mejor opción, puede, que en el mejor de los casos, no ocurra nada, que el perfil creado acabe muriendo por desatención, pero tal vez la magnitud de las consecuencias sean mayores, por ello, todo debe estar previsto y si se decide dar el paso, hacerlo desde el conocimiento y buscando una utilidad para la empresa. Si aporta algo… ¡Adelante!

* Beatriz Taberner es Consultora en el Área de Consultoría