En época de crisis parece impensable el no analizar qué gastos son necesarios para la Empresa. Los empresarios se vuelven más minuciosos en el control de los mismos y les suelen aplicar un marcaje más estricto.
¿Pero sucede igual con los costes?, ¿tendemos a controlar los mismos?, ¿hemos identificado adecuadamente los costes de nuestros productos y/o servicios?, ¿qué costes son fijos?, ¿qué costes son variables?, ¿asignamos adecuadamente, siempre dentro de una razonabilidad económica, los costes a los diferentes productos y/o servicios?, ¿por qué empresas que realizan grandes ventas de productos y/o servicios entran en quiebra?

La respuesta es que normalmente se atienden a los gastos exclusivamente y nos solemos olvidar de analizar los costes. Para ilustrar esto, bien merece traer a colación el cuento de la panadería y pastelería:

En una calle, de una ciudad cualquiera, de cualquier parte del mundo donde vendan pan y pasteles, había un establecimiento que vendía pan y, a pocos metros, otro que vendía pasteles. Ambos contaban con la infraestructura necesaria para la fabricación propia de sus productos y su posterior venta en tienda. Ambos tenían controlados sus gastos y vendían su producto a un precio que cubría todos sus gastos más un margen, que entendemos les daba para vivir bien o tal vez mal; pero ambos vivían.

Un buen día, al panadero se le ocurrió la idea de aprovechar su horno para vender pasteles y, dado que los gastos eran cubiertos por la venta de pan, el precio de los pasteles sólo incluiría los gastos que tuviera por la materia prima más un margen.  La idea fue tal éxito que había siempre gente esperando para comprar pasteles en la panadería.

Por otro lado, el pastelero dándose cuenta que el podría también ganar más dinero copiando la estrategia del panadero se puso a fabricar y a vender pan. Como ambos habían acudido a la misma escuela de negocio usó la misma estrategia: venderé pan al  precio de la materia prima más un margen. ¡Gran idea también! Ni que decir tiene que la idea también fue un éxito y siempre había cola en la pastelería para comprar pan. 

Por lo que en esa calle siempre había cola en la pastelería para compra pan y en la panadería para comprar pasteles. El final de la historia, creo que, o lo conocéis u os lo imagináis: a los dos meses ambos establecimientos cerraron por pérdidas.

¡Cuidado con los costes!

* Antonio Pérez es Director del Área de Consultoría