Todos los comienzos son duros

news paper9El número de empresas que se crean cada año es impresionante; somos de verdad un país muy emprendedor.

Y es habitual que muchas de estas empresas de nueva creación, cuenten con un asesor para la gestión de todo el proceso de constitución. Es decir, ayudar en la redacción de los estatutos, Hacienda, Seguridad social, etc.; en definitiva, colaborar en el proceso de creación de la sociedad, y dejarla lista para comenzar la actividad.

Muchas de estas empresas tienen éxito, pero como dice el refrán, “todos los comienzos son duros…”

Solo conseguir que un negocio que acaba de comenzar genere suficientes ingresos para cubrir los costes mínimos de arranque es un logro. Y en muchas ocasiones, cuando este proceso se hace muy largo, es difícil aguantar salvo que se disponga de recursos suficientes y por desgracia lleva a que la empresa tenga que cerrar.

Por ello, es de vital importancia, tener claras varios aspectos fundamentales antes de comenzar la andadura. Y en muchos de estos aspectos, el papel de un asesor externo es vital, y no solo para los trámites de la constitución de la nueva sociedad.

En primer lugar, todo negocio nace de una idea, pero ¿son todas las ideas realizables? Todos sabemos que no, pero cuando se trata de la nuestra, no tenemos dudas de que será un éxito. Una visión externa, objetiva, con experiencia en la gestión de empresas, puede aportar algo a esa idea para hacerla más realizable. La revisión del plan de negocio o incluso la confección del mismo puede ayudar a ver el momento en que se generarán beneficios, o tener claros y definidos los recursos que será necesario invertir para llevar a cabo la idea. Otra vía de colaboración en esta fase inicial puede ser la realización de un análisis de mercado que permita verificar si hay demanda para el producto o servicio, o cuales deben ser los canales de venta más adecuados…

Ya tenemos nuestra idea, pero nuestro plan de negocio nos dice que, en 6 meses, o generamos un volumen de ingresos, el que sea, o no tendremos un euro para continuar… ¿De dónde podemos generar estos fondos? ¿Cuáles son las alternativas que se ofrecen en el mercado? ¿Qué es eso del crowdfunding? Sin duda un asesor nos podrá arrojar luz a estas cuestiones, y proponer las alternativas más adecuadas.

Bueno, respondidas las preguntas anteriores, parece que nuestra idea puede ser exitosa, ya que el plan de negocio “encaja” y se dispondrá de los recursos necesarios. Ahora toca decidir la estructura más adecuada en función de nuestras posibilidades. Hay preguntas que nos deberíamos plantear:

¿Cuántos socios empezamos? ¿Está claro y definido el valor de lo que aportamos cada uno? No siempre las proporciones tienen que ser equitativas, pero siempre deben estar equilibradas respecto a lo que aporta cada uno.

¿Vamos a permitir la entrada en un futuro cercano a otros socios? ¿debemos entonces planificar ya una estructura que facilite esta futura entrada?

¿Debemos “aceptar” unos estatutos estándar o queremos tener claras las reglas del juego y adaptarlas a nuestras necesidades?

¿Cuáles son las diferencias fundamentales entre los distintos tipos de sociedad, o incluso compararlo con la alternativa de comenzar como empresario individual? Y ante la necesidad imperiosa de fondos en los inicios, ¿con qué estructura optimizo mejor mi carga fiscal? ¿Qué deducciones me puedo aplicar?

Sin duda, las respuestas a estas preguntas quedarán mucho más claras con el apoyo de un asesor con experiencia en los ámbito legal y tributario.

Nos queda lo más fácil, y vuelvo al principio… Vamos a dar forma a todo esto, y vamos a constituir la empresa, y registrarla para poder empezar a funcionar, que ya tenemos ganas… No voy a ahondar más en la importancia de un asesor en esta fase, que principalmente logrará que toda la gestión se haga de forma fluida, sin retrasos y dejarlo todo listo en un plazo razonable.

Y Aunque estemos hablando en este post de crear, de construir, de generar valor y suene mal decirlo, el proceso de “cierre”, si se da el caso, es de vital importancia para dejar las cosas lo mejor posible, evitando problemas, procurando una salida ordenada, para no comprometer más recursos de los necesarios, incluso el patrimonio personal, y quién sabe, poder volver a dar forma a nuevas ideas de negocio.  Nos surgirán preguntas en esta fase: ¿Cómo liquido mi empresa? ¿Debo presentar un concurso? ¿Qué es eso del preconcurso? ¿Qué consecuencias puede tener continuar apostando por el negocio?… ¿Qué es eso de la “segunda oportunidad”? Sin duda, nuestro asesor podrá ayudarnos también en esta fase y diseñar el modo más adecuado de salir, o de continuar, por qué no…

Nos han surgido muchas preguntas, de muy diferentes ámbitos, legal, tributario, económico, financiero… No sé si es posible dar respuesta a todas ellas, porque la mera transformación de una idea en un negocio tiene un componente de riesgo empresarial que no podemos desechar de la ecuación, pero destaco la importancia de tener la mayor información posible para que podamos centrar nuestros principales esfuerzos en llevar la idea hacia adelante y sentirnos acompañados en todo este proceso por una firma profesional de asesoramiento que pueda ir dando respuesta a muchas de las dudas que se vayan planteando.

Artículo publicado por Víctor Alió, Socio Director de Audalia.

¿El fin de los morosos?

Cabe empezar este post recordando que se considera morosidad al  incumplimiento de los plazos contractuales o legales de pago. Ser moroso no significa necesariamente no pagar, sino hacerlo tarde.

En estos momentos, en los que el gobierno anda a vueltas sobre cómo cumplir los objetivos de déficit del país, me pregunto qué posibilidades existen realmente de que se cumpla la Ley de Morosidad “Ley 15/2010, de 5 de julio, de modificación de la Ley 3/2004, de 29 de diciembre”.

Esta ley se aprobó con el objetivo de luchar contra la morosidad de operaciones comerciales pero desde que entrara en vigor la misma, no se han obtenido grandes avances, al menos, en lo que al pago de las administraciones públicas se refiere. Recordemos que los plazos aprobados de pagos para las administraciones públicas, fueron:

Contratación con la Administración: a partir de 2013 el plazo máximo de pago será de 30 días. Hasta dicha fecha se contempla un periodo transitorio que contempla los siguientes plazos:

• Durante el resto del año 2010: 55 días.

• Durante el año 2011: 50 días.

• Durante el año 2012: 40 días.

• A partir del año 2013: 30 días.

Medidas similares fueron tomadas en esa misma ley, de aplicación para las empresas, que recoge los siguientes plazos:

Para las empresas: a partir de 2013, el plazo máximo de pago será de 60 días desde la fecha de prestación de los servicios o recepción de las mercancías. Para facilitar la adaptación a esta nueva situación, se producirá una reducción escalonada de los plazos hasta 2013, estableciendo el siguiente escalado:

• Desde el 07.07.10 hasta el 31.12.11: 85 días.

• Desde el 01.01.12 hasta el 31.12.12: 75 días.

• A partir del 01.01.13: 60 días.

Excepción a estos plazos: las empresas constructoras de obra civil que mantengan vivos contratos de obra con las diferentes Administraciones Públicas, disponiendo del siguiente calendario de aplicación:

• Desde la entrada en vigor de la Ley hasta el 31.12.11: 120 días

• Desde el 01.01.12 hasta el 31.12.12: 90 días

• Desde el 01.01.13 hasta el 31.12.13: 60 días

• Para los productos de alimentación frescos y perecederos, en los términos definidos en la ley, los plazos de pago legales se mantienen en 30 días.

Todas estas medidas de cumplimiento obligatorio, fueron tomadas en momentos de grandes dificultades para España, debido a la inmersión de la misma en la crisis, que se agudiza de manera especial en nuestro país.

Según el diario Expansión, preguntando dos años después a expertos económicos en esta materia, muchos de ellos dicen reconocer “que eso solo será posible, si se imponen de oficio los intereses de demora y si se articula un régimen sancionador estricto, que aún está pendiente”.

El pasado Consejo de Ministros ha aprobado una línea de financiación del ICO para que las Comunidades Autónomas puedan pagar las deudas con sus proveedores. La línea estará dotada con 10.000 millones de euros, ampliable a 15.000 millones. A través de este mecanismo de financiación se podrá realizar el pago a los proveedores de las Comunidades Autónomas. Con esta medida se pretende paliar la morosidad y los aplazamientos en el pago de estas deudas con proveedores.

De manera que, por lo que parece, tendremos que esperar aún un poco más, a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en lo que al sector público se refiere y al seguimiento que se hará a las empresas en cumplimiento de dicha ley, para saber si se han logrado los objetivos propuestos y el fin perseguido con la misma.

*Beatriz De La Cuesta es Auditora en el Área de Auditoría

12 Pautas para la gestión de las personas

La gestión de las personas es una asignatura fundamental para contribuir al éxito empresarial en todas las compañías, pero de forma más importante en las de servicios, ya que los profesionales que la forman son su principal activo.

En el blog de Human being by Andrés Ortega se muestran 12 pautas que pueden ayudar a nuestras empresas a mejorar en dicha gestión.

* Víctor Alió es Socio Director de Audalia

EL Coste del absentismo laboral en España

Los empresarios españoles calculan que cada día un millón de personas no acuden a su puesto de trabajo.
Una vez hecha esta afirmación, es conveniente traducir en cifras esta situación.

La CEOE ( Confederación Española de Organizaciones Empresariales) sitúa el coste del absentismo en el 1,5% del Producto Interior Bruto Español; de todas formas, las ausencias injustificadas se han reducido; en 2009, por primera vez, nos situamos por debajo de la media de absentismo, un 2,1% frente al 2,2%.

En 2010 cada trabajador faltó, de media, 84 horas a su puesto de trabajo por causas esporádicas. Hablando en términos totales, hay que indicar que se pierde el 5,13% de las horas pactadas por convenio, porcentaje que aumenta hasta el 6,2% en el sector industrial y baja al 4,1% en la construcción.

En lo que duración se refiere, más de una cuarta parte de las bajas dura menos de tres días, el 38% de cuatro a quince días y el 11% de 16 a 30 días. En total, el 75% de las bajas dura menos de un mes y únicamente el 1% supera el año.

Conviene hacer referencia a un informe de la patronal de las pymes catalanas (PIMEC) que indica que el absentismo se reduce antes de vacaciones y festivos y se incrementa después de estos días. Señalan también que casi una cuarta parte de las bajas comienza un lunes y se va reduciendo con el transcurso de la semana.

Ante esta situación, es conveniente plantearse tres cuestiones: ¿es sostenible o admisible este nivel de absentismo?; ¿hay alguna solución a esta situación?; ¿qué consecuencias se derivarían de las posibles soluciones propuestas al problema?

Desde mi punto de vista, es insostenible, a pesar de que se haya reducido, las cifras actuales de absentismo laboral y el coste que el mismo supone principalmente para las empresas. En un país como el nuestro, que se encuentra en una situación de crisis, no es posible que el absentismo laboral suponga el 1,5% del PIB español.

¿Posibles soluciones a este problema?, una de las posibles soluciones sería endurecer el sistema de control del absentismo, tanto por parte del Estado, llevando a cabo las reformas laborales necesarias a tal efecto, como por parte de las empresas, haciendo uso del marco legal del que disponen para sancionar las conductas fraudulentas en lo que a absentismo se refiere.

La consecuencia directa de poner coto a esta situación es doble: por un lado, supondría reducir el coste que las ausencias suponen tanto para las empresas como para las arcas públicas y, por otro lado, sería un factor motivador para la gran mayoría de trabajadores honrados que verían que las actitudes fraudulentas son penalizadas.

* David Valladares es Asesor Senior en el Área de Asesoría